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El crecimiento de la población mundial y el consecuente aumento de la demanda han llevado a los agricultores estadounidenses a intensificar la producción durante las últimas décadas mediante la modificación genética del maíz, lo que ha dotado a las plantas de raíces que absorben el agua de manera más eficaz y las ha convertido en más resistentes a los insectos subterráneos.

Estas mejoras permitieron a los agricultores empezar a plantar las semillas de maíz dejando cada vez menos espacio entre sí, lo que ha llevado a plantaciones extremadamente intensivas que ahora se enfrentan a otro reto: sobrevivir a sequías y al aumento de las temperaturas sin que la escasez de agua y el “estrés” al que están sometidas las plantas reduzca la cosecha.

“Los datos reflejan que las plantaciones de maíz sufren no sólo con la sequía, sino que también e incluso todavía más con el aire caliente y seco”, indicó Lobell en una entrevista con Efe.

El experto, además de profesor en Stanford es director asociado del Centro sobre la Seguridad Alimentaria y el Medio Ambiente, y lideró a un equipo de investigadores en un extenso estudio sobre la producción de maíz en EEUU entre 1995 y 2012.

Con más de 870 millones de toneladas al año a nivel mundial, y por delante del arroz (720 millones de toneladas) y el trigo (670 millones de toneladas), el maíz es el cereal más cultivado del planeta, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y del total de la producción mundial, el 40 % corresponde a los Estados Unidos.

Problemática

Si las temperaturas siguen incrementando tal y como lo vienen haciendo hasta ahora, el equipo de Lobell predice que el 15 % de la cosecha anual de maíz podría haberse perdido en 2064 y, si además las plantas mantienen la tendencia actual y se vuelven cada vez más sensibles al calor y al aire seco, esta reducción de la cosecha podría alcanzar el 30 %.

Ciencia y mitigación

Aunque Lobell deja abierta la posibilidad de que la ciencia siga avanzando como lo ha hecho durante los últimos años y logre mitigar los efectos del calor y la falta de agua sobre los campos de maíz, descarta que los agricultores opten por volver a reducir la densidad de las plantaciones y aliviar así el “estrés” de las plantas.

“Si ahora se reduce la densidad de las plantaciones, la cosecha sería menor no sólo en los años de sequía, sino también en los años con buenas condiciones meteorológicas”, explicó Lobell a Efe, por lo que rechazó una opción que podría tener impactos devastadores sobre el precio del cereal más demandado a nivel mundial.

Por ello, la solución más efectiva a juicio de Lobell pasa por incrementar los esfuerzos en la lucha contra el cambio climático y reducir la emisión de gases de efecto invernadero.   Este es un objetivo para el que espera que resulte útil su investigación, ya que ésta rompe con el mito de que “la agricultura de EEUU se adaptará con facilidad al los cambios climáticos gracias a la gran inversión en alta tecnología”.

Las estimaciones más recientes sobre al aumento de las temperaturas en el conocido como “cinturón del maíz” de EEUU, que incluye a varios estados del medio oeste como Indiana, Illinois e Iowa, apuntan a que éstas se incrementarán de media 0,4 grados Celsius por década.

 

Cortesía: EFE Verde

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