nevado huaraz

Escribe Michael J. Fitzpatrick*

Todo aquel que llega a Huaraz no puede dejar de maravillarse por la belleza de este rincón del Perú con sus impresionantes nevados y altas cumbres coronadas, por lo que conocíamos como ‘nieves perpetuas’.

Hoy esos glaciares provocan sentimientos encontrados. Por una parte, estimulan nuestra admiración sincera. Por otra, nos llenan de preocupación ante los efectos del Cambio Climático Global sobre la Cordillera Blanca. Ya no es posible hablar de ‘nieves perpetuas’, pues el calentamiento produce el deshielo de estas que ya han sufrido la pérdida de 30% de nieve y hielo desde la década del 90. Casi la tercera parte de lo que costó cientos de miles de años en acumularse y asentarse se ha perdido en apenas 25 años.

El Perú ya ha perdido el 22% de su área total de glaciares. Y las proyecciones señalan que podría perder el 37% de su actual área de glaciares para el 2030. Frente a ello se debe actuar con urgencia.

El Cambio Climático Global no solo hiere dramáticamente la geografía. A la par del desafío ambiental, afecta la vida humana. En la región Áncash, por ejemplo, 1.600.000 personas viven alrededor de la cuenca del Río Santa y dependen de fuentes hídricas de los glaciares, de energía hidroeléctrica y de alimentos que producen, resultando la amenaza mayor.

En sus declaraciones, el presidente estadounidense Barack Obama señala que este cambio “no es un problema distante en el futuro”, sino que “ya afecta a todas las regiones y sectores claves de la economía”. El mandatario ha lanzado un ‘Plan de Acción’ para reducir la contaminación por carbón, preparar a las comunidades ante los impactos del Cambio Climático Global y liderar esfuerzos internacionales para hacerle frente.

Obama anunció el pasado 31 de mayo las primeras regulaciones nacionales que limitan la emisión de carbono en las plantas eléctricas de los EEUU. En 2030, como resultado, el sector energía emitirá 30% menos polución de carbono.

En el Perú, a título personal, lancé el primero de una serie de proyectos financiados por el gobierno de EEUU, valorizado en 3 millones de dólares a través del Instituto de Montaña, con el fin de moderar los efectos del Cambio Climático en Áncash, así como el perjuicio para sus fuentes hídricas. El proyecto beneficiará a organizaciones sociales, universidades públicas, gobiernos municipales y  comunidades rurales fortaleciendo su capacidad de respuesta ante las inundaciones y escasez de agua.

Ojalá que con estos planes ayudemos a las comunidades a prepararse para los efectos del cambio climático, como el riesgo de avalanchas –como la que viví cuando bajaba del nevado Pisco– e inundaciones provenientes de lagos glaciares.

Ningún país, gobierno, comunidad, familia o individuo puede sentirse ajeno al esfuerzo de cuidar nuestro planeta y evitar que los efectos del Cambio Climático Global sigan deteriorándolo. Debemos actuar.

*Encargado de negocios, a.i. de la Embajada de los EEUU.

Cortesía La República

 

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